NADA DE EXPERIMENTOS: EL PRESUPUESTO PARA LA CIENCIA MARCA QUE CLASE DE PAÍS QUEREMOS

Uruguay: recortes presupuestales en ciencia, tecnología, e innovación.

(Este artículo fue escrito en diciembre de 2020, a partir de entrevistas e investigaciones realizadas durante el mes anterior.)

(Foto por CSIRO - Australia, con licencia CC BY.)

Tras quince años de inversión y diseño institucional que aun así no fueron suficientes, el cambio de signo del gobierno nacional trae consigue recortes o congelamientos al presupuesto en ciencia, tecnología e innovación. La mirada de científicos y legisladores ante un desafío a futuro que enfrenta Uruguay, un país que destina alrededor del 0.47% del PIB, por debajo de lo invertido por sus vecinos.

A Marcel le fascinaban los dinosaurios, y de niño siempre le pedían que le regalaran libros sobre ellos. Martina tuvo un microscopio desde chica, y jugaba a “mezclar cosas”. Fernanda quería ser veterinaria, pero descubrió que no soportaba ver sangre, y decidió que lo suyo era la química. Una tía le regaló a Daniel un libro sobre astronomía, y desde entonces siempre quiso conocer mundos nuevos. Miguel siempre fue curioso, y le interesaba resolver problemas.

Estos son solo algunos de los científicos que hoy tenemos trabajando en investigación en nuestro país. Algunos empezaron su carrera hace más de treinta años, otros más cerca en el tiempo, pero la mayoría de los consultados coinciden en que la diferencia de condiciones marcada por los quince años de gobierno del Frente Amplio es indiscutible.

El Dr. Eduardo Méndez (bioquímico, Facultad de Ciencias - Udelar) recuerda que antes del 2005 no había salida laboral para los químicos, más allá de la docencia en secundaria, o en ANCAP, y para trabajar en la empresa de combustibles había que “tener la tarjeta de algún senador”. A partir de ese año, la carrera de investigador comenzó a ser algo de lo que se puede vivir.

Su colega, la Dra. Fernanda Cerdá, notó la evolución del presupuesto desde el ingreso del Frente Amplio al gobierno, mientras que para los colegas argentinos con los que trabajaba fluctuaba mucho. Las becas de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) permitieron que la gente pudiera quedarse a hacer sus posgrados, y que el país no perdiera científicos formados.

No todo fue inversión; fue importante el planeamiento estratégico y la construcción de institucionalidad. Para Méndez, que la ANII marcara sus cinco áreas prioritarias constituyó “un avance radical” del FA. “Más allá de que se invierta en ciencia aplicada o básica, hay que tener claras las reglas que plantea cada gobierno.”

Para Cerdá fue clave la descentralización de la Udelar, con la construcción de centros regionales y mucha inversión en equipamiento, además de la creación de la Universidad Tecnológica (UTEC). Coincide el también bioquímico Dr. Marcel Bentancor (Facultad de Ciencias - Udelar), y agrega que se crearon estructuras institucionales y tecnológicas “magníficas”, a todo nivel, como los clubes de ciencia en primaria y secundaria, con sus competencias, etc.

Daniel Prieto (doctorado en biólogo, Instituto Clemente Estable) considera fundamental que durante los gobiernos del Frente Amplio se crearon la ANII, la Secretaria Nacional de Ciencia y Tecnología, la Academia Nacional de Ciencias, y el Sistema Nacional de Investigadores (SNI), además de reformulares el Consejo Nacional de Innovación, Ciencia y Tecnología (CONICYT).

En las jóvenes mentes soñadoras, la ciencia es una profesión romántica. El científico de ficción sabe de todos los temas: Martina pensaba que un botánico podía salvar al mundo de un virus mortal. Qué los científicos tenían la libertad de investigar las ideas que se les ocurrían. Marcel creía que pasaría todas sus horas de trabajo en el laboratorio. Daniel se imaginaba una vida llena de conocimiento, descubrimientos fascinantes, y tiempo para pensar, como sus ídolos científicos, Jacques Cousteau y Maria Skłodowska Curie.

Por supuesto, no todo fue perfecto durante esos quince años de gobierno de izquierda, y siguió habiendo reclamos para alcanzar los prometidos porcentajes de 6+1 del PIB para educación y ciencia. Para Bentancor, hubo un gran empuje inicial, que luego no se profundizó.

En la opinión del Dr. Miguel Sierra (ingeniero agrónomo, Gerente de Innovación y Comunicación del Instituto Nacional de Investigación Agrícola - INIA, ex Presidente del CONICYT - Consejo Nacional de Innovación, Ciencia y Tecnología), a pesar de crearse el primer plan estratégico de ciencia y tecnología del país, este se “quedó corto”, y fue “muy poco específico”. Se intentó generar una institucionalidad con el gabinete de innovación y la Secretaria de Ciencia y Tecnología; más la ANII para ejecutar y el CONICYT para asesorar, pero “no despegó”, porque “no hubo una política central dirigida”.

Prieto es todavía más duro: “El presupuesto para la ciencia ha sido en Uruguay un asunto del que nadie ha querido ocuparse seriamente.”, y aunque reconoce que “hasta la primera administración de Tabaré Vázquez el presupuesto para ciencia era muy menguado” (un 0,2% del PIB) y a partir de 2005 tuvo un “importante empujón”, luego decayó durante la administración de Mujica, y no volvió a crecer significativamente en el segundo período de Vázquez. Agrega que “la evolución del presupuesto para investigación en los últimos 25 años es un zigzag. No hay continuidad.”

Los diputados del Frente Amplio Sebastián Sabini (Espacio 609) y Martina Casás (Marea Frenteamplista, suplente de Gustavo Olmos, y, además, bióloga) coinciden en que no se logró llegar a la inversión del 1% en ciencia y tecnología, pero que el crecimiento del PIB conlleva que los aumentos porcentuales significan más dinero que antes; aunque se debería haber hecho un esfuerzo en llegar más lejos.

Sabini admite también que se podrían haber planteado instancias de acuerdos programáticos con los demás partidos, para mantener el trabajo realizado como política de Estado. La diputada Casás opina que quizá fue un error que la ANII le otorgara más dinero al “emprendedurismo”, que a la propia ciencia.

Pero ambos coinciden que cada gobierno tiene su agenda, y hay una diferencia ideológica importante entre el FA y el gobierno de coalición del Partido Nacional. Según Sabini, “Este gobierno cree que, en la economía y la ciencia, el que debe tirar del carro es el sector privado. Pero que, en países de alto PIB, son ambos. En Uruguay, siempre ha sido el Estado.”

Casás agrega que el principal éxito de los gobiernos del FA fue “entender a la ciencia como un sistema, y potenciar todas las aristas que hacen a la ciencia”: ANII, AGESIC, Udelar, Clemente Estable, Instituto Pasteur, etc. Los cuadros humanos se potenciaron, repatriando científicos con garantía de becas de postdoctorado que les aseguran estabilidad para 5 o 10 años de su vida.

Se generó ciencia conectada con el conocimiento y necesidad local, gracias a la Udelar y otras instituciones, en todo el territorio, insertando jóvenes en la educación “cerca de su casa, estudiando la actividad económica que se desarrolla ahí, con arraigo al pueblo, y un mayor entusiasmo y gratificación.”

Para la diputada Lilián Galán (Espacio 609), el FA incrementó muchísimo el presupuesto en ciencia y tecnología, pero también el de la educación, yendo desde la base en las escuelas al interesar a los niños en la ciencia, llevando laboratorios móviles a escuelas rurales, y empoderando a las niñas para que sepan que puedan ser científicas. Reconoce, eso sí, que no hubo suficiente inversión en educación para los más vulnerables, y que se necesita una mayor descentralización de la Udelar todavía.

En cuanto el accionar presente del FA, el diputado Álvaro Rodríguez (Partido Nacional, Florida) lo critica severamente, declarando que la oposición que practican es “algo irresponsable en estos tiempos de crisis mundial, prometieron una oposición responsable, y sin embargo durante estos meses de gobierno de mi partido, solo han puesto trabas.” Aduce que “exigen al nuevo gobierno” lo que no hicieron cuando ocuparon el mismo lugar, y los acusa de tratar de “sembrar inseguridad y caos en la sociedad.”

Cuando Martina llegó a ser científica, se dio cuenta de la poca independencia que se tiene como investigadora joven, y que los tiempos de la ciencia son mucho más lentos de lo que imaginaba. Eduardo y Fernanda se dieron cuenta que, para hacer sus maestrías, tenían que montar de cero laboratorios que no existían, y ella se encontró que la gente asumía que el que hacía el trabajo el hombre. Marcel se encontró que había que estar siempre persiguiendo recursos para investigar, y Daniel vio como había que estar permanentemente publicando resultados para sobrevivir, mientras profesionales universitarios trabajan sin seguridad social o cobertura de salud, manipulando material infeccioso o químicos peligrosos en lugares sin habilitación de bomberos.

Los recortes del actual gobierno nacional empiezan no una estocada financiera directa, sino con una organizacional: la Ley de Urgente Consideración le quita independencia a la ANII, convirtiéndola en una unidad ejecutora del MEC, se pierde autonomía en el diseño de lineamientos en ciencia, tecnología e innovación.

Pero el embate presupuestal no se hizo esperar, y el 11 de marzo se promulgó el decreto 90/020, marcando un fuerte recorte al presupuesto en ciencia y tecnología: solo se ejecutarían el 85% de los créditos comprometidos para 2020, quitándose más de 1200 millones de pesos, o 29 millones de dólares. Además, no se podrían cubrir los cargos vacantes generados en 2019, y solo un tercio de los que se generen durante 2020, al tiempo que se prohibía renovar vínculos contractuales con la Administración Central de personas que no sean funcionarios públicos.

Esto afectaría a la Udelar, la ANII, el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (INIA), el Instituto Pasteur de Montevideo y el Instituto Clemente Estable, entre otros. Poco tiempo después, en julio, el presidente Lacalle Pou decía “Vamos a actuar, dentro de lo posible, potenciando la ciencia, potenciando la innovación y potenciando la investigación”, algo que no parecía cuajar con lo detallado en el decreto.

Estos recortes generaron una reacción en los trabajadores y estudiantes de cada institución científica, y se alertó al gobierno y a la población de que está disminución presupuestal afectará el desarrollo científico del país, además del salario de miles de empleados en todas las áreas. Reafirmaron que Uruguay no puede permitirse el demoler capacidades que tardaron años en crearse, y que retrasarían el desarrollo del país en décadas.

Ante estas protestas, el Poder Ejecutivo resolvió “exceptuar a la investigación en ciencia y tecnología del ahorro aprobado para las instituciones públicas”. En el comunicado oficial del 7 de agosto, el gobierno lista de manera prominente todas las instituciones que exime de la medida: Instituto Pasteur, ANII, Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas (Pedeciba), Instituto Clemente Estable, Dirección para el Desarrollo de la Ciencia y el Conocimiento, Instituto Antártico Uruguayo, e Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA).

Lo que no dice el comunicado, es que una institución para la que se mantienen los recortes concentra más del 70% de la investigación nacional: la Udelar. Esto fue denunciado por varias voces, incluyendo las del diputado Sabini, quien llamó “engañosa” a la resolución. Además, las que no sufren recorte, si sufren adecuaciones o congelamiento, recibiendo montos que no se ajustan a los aumentos de los costos operativos.

No fue esta la única vez que el gobierno se retractó de una resolución ante la mala opinión pública, y es válido preguntarse si es una estrategia específica, y que fines persigue. Los entrevistados coinciden en que es una estrategia de comunicación, una forma de manipular la opinión pública al ceder ante la presión, y quedar como “un gobierno sensible”.

Para el Dr. Bentancor, “se compra barato publicidad”, y para la diputada Casás, es la misma táctica usada por el gobierno de Macri en Argentina, y quizá “las perillas no eran solo sobre el coronavirus, sino sobre toda su política”. La representante y bióloga opina que es una posible táctica de desgaste a los movimientos sociales, que ya no saben si es prudente responder a todo anuncio del gobierno. Que, ante las críticas, el gobierno retrocede en algunas quitas presupuestales, pero los movimientos siguen quejándose de otras cosas y quedan mal parados ante lo opinión pública.

También hay que preguntarse hasta cuando puede funcionar estrategia. Para el diputado Sabini, es “un poco perverso”, y va a funcionar “hasta que las consecuencias de las decisiones las empiecen a sufrir las personas, sobre todo económicamente”. “Cuando en el liceo haya 40 en vez de 25 alumnos, o tenga que ir al liceo lejano porque cerraron el del barrio, o cierran la UTU en el campo y no tienen lugar para educarse, o vayan al hospital y no haya medicamentos, ahí, la táctica no va a ser tan sostenible, y las consecuencias se van a ver en unos meses.”

Pero en ciencia y tecnología, los resultados ya empiezan a verse. La diputada Galán cuenta como en el Polo Tecnológico de Pando estaban desarrollando un kit para detectar el virus de la COVID-19 en espacios cerrados, pero tuvieron que poner un alto al proyecto porque no recibieron la financiación necesaria. “Esta estrategia funciona con la población, pero es muy cortoplacista.”

La defensa del gobierno de sus planes presupuestales se hace alabando a la ciencia, porque nadie quiere admitir que no la valoran. Aducen que se trata de una adecuación, para generar ahorros y ejecutar de manera más eficiente el gasto. Tras la protesta de los estudiantes del Pedeciba, la ministra de Economía Azucena Arbeleche le dijo al programa Desayuno Informales (Teledoce) que hasta el decreto 90/20 “se gastaba sin hacer un análisis previo, y la excepción era el análisis cuidadoso de dinero que en definitiva es de todos los uruguayos”.

Afirmó que “El espíritu de la regla fue cambiar. Que la regla fuera el orden, el estudio crítico, la racionalidad, el sentido común y que lo extraordinario se trate como excepcional”. También aclaró que el no exceptuar a la Udelar del ahorro se debió a que era solo un exhorto, porque dada su autonomía, no se le puede exigir. Agregó que la Udelar “tiene un presupuesto amplio y si es de su interés destinar recursos a ciencia o a alguno de estos conceptos, lo puede hacer generando ahorro en otras áreas”.

Esto fue categóricamente rechazado por Rodrigo Arim, rector de la Universidad, quien respondió que “la afirmación de Arbeleche es desafortunada, desconoce y está descontextualizada.”

El diputado Álvaro Rodríguez expresa estar “muy de acuerdo” en que Uruguay debe invertir en ciencias, pero que en su labor de parlamentario no puede tomarse “libertades”, ya que tiene el deber de “considerar un presupuesto que me es enviado por el Poder Ejecutivo” para su análisis”. Agrega que el gobierno “sí se apoya en los científicos, pero el presupuesto se hace en base a todos los rubros”, que debe elaborarse como “en una casa de familia (…) teniendo en cuenta los ingresos de la casa”.

Continúa diciendo que “el espíritu del presupuesto que hoy se encuentra en el parlamento, no maneja una política de recortes sino de redirección de los recursos para optimizar su aplicación”, y afirma que hubo “un gran trabajo escuchar y atender todas las sugerencias que llegaban a la comisión de hacienda”, mencionando las excepciones al decreto 90/20.

Los dichos de la ministra Arbeleche tuvieron eco en su par de Educación y Cultura, Pablo Da Silveira, quien en primera instancia declaró a Radio Universal que habrá aumento de presupuesto para UTEC y el Clemente Estable. Sobre el presupuesto en general, indicó que “apuesta a la educación y a la cultura”.

Citado ante la Comisión Especial de Innovación, Ciencia y Tecnología de la Cámara de Representantes el 13 de agosto, Da Silveira reafirmó (según consta en actas) el compromiso del gobierno con la ciencia. Afirmó que “la ciencia, la tecnología y la innovación en Uruguay está muy desordenada”, porque hay una serie de iniciativas e instituciones que se han acumulado a lo largo de los años, con “superposiciones, vacíos”. Agregó que este diagnóstico no es hecho por el actual gobierno, sino que es “objeto de un consenso muy amplio en la comunidad científica”.

También se amparó en las condiciones económicas negativas generadas por la pandemia, diciendo que el gobierno “no quiere prometer cosas ni embarcarse en iniciativas si no está seguro de que las pueda financiar”. Por último, reafirmó que la Udelar no puede exceptuarse del decreto 90/20 porque constitucionalmente el ejecutivo no la puede obligar al ahorro.

Diputados del Frente Amplio en la comisión cuestionaron las declaraciones del ministro, en particular la diputada Galán afirmó que más allá de que el decreto no pueda obligar a la Universidad a ahorrar, “cuando el Ministerio de Economía y Finanzas le da la partida correspondiente a los créditos presupuestales, ya lo hace con el recorte del 15%”.

Ante esto, Da Silveira aprovechó para recordar que, si existe un congelamiento del presupuesto de la Udelar, no es de este gobierno, que “la última vez que hubo un aumento presupuestal para la Universidad de la República fue en el año 2016”.

Eduardo no entiende porque por un lado se recorta y por otro se elogia a un sistema científico que busca resultados a largo plazo, como los kits de diagnóstico COVID-19. Al retroceder dos casilleros, volver a avanzar nos va a llevar el doble. A Daniel le entristece que el país no valore el capital humano y cultural que tiene, construido con mucho esfuerzo de la comunidad científica y los contribuyentes. Fernanda prevé que, sin las becas, muchos científicos tendrán que irse del país.

La pugna por el presupuesto sigue adelante, aunque la propia Ley de Presupuesto esté prácticamente cerrada. Con el gobierno claramente de un lado, y el Frente Amplio del otro, ¿cómo se evita partidizar el tema? ¿Debe evitarse?

Los legisladores del FA opinan que es un asunto transversal, que no debe partidizarse. Sabini entiende que, más allá de la sensibilidad política de su partido, hay movimientos ajenos al mismo como el del Polo Tecnológico de Pando o los estudiantes del IIBCE, de los propios involucrados, que tienen un papel fundamental que jugar. Afirma que hay que aprovechar que “tenemos un gobierno muy sensible a la presión social”, que no ha cedido ante reclamos parlamentarios, pero si ante reclamos de la gente, porque no le gusta recibir críticas de la sociedad.

La diputada Casás, por su parte, considera que hay que buscar aliados en todo el espectro político, porque cree que todos reconocen la importancia de la ciencia, sobre todo a nivel de diputados. En esa cámara, se habla un idioma ya no “partidario”, sino “territorial”. “Al darse cuenta de que no van invertir en tu territorio en educación, en ciencia, hay que rendir cuentas”, y si bien el presupuesto ya pasó por diputados, estos representantes pueden “llevar ese mensaje a sus partidos”.

Uno de esos diputados es Diego Echeverría (Partido Nacional, Maldonado), quien en sesión del 12 de noviembre de la mentada Comisión Especial dijo que el Centro Regional Este (CURE) de la Udelar “es un ejemplo de descentralización universitaria”, y que hay una necesidad de “no bajar la guardia, de no bajar los brazos y de no bajar la inversión en algunas áreas”.

En esa misma sesión, su colega del Partido Colorado, Martín Melazzi (Soriano), dijo sentir “pena o dolor por el tema de la reducción de becas” y estar “comprometidos en tratar de que esto se considere en la Cámara de Senadores”. Agregó, respecto a los centros regionales, que, al mirar el mapa, parecía que “el Pacman se hubiera comido” su región y la centro-sur, reafirmando la necesidad de más descentralización universitaria.

Los legisladores de la oposición reconocen, igual, que hay una importante diferencia ideológica con el gobierno; ya que este tiene una fuerte apuesta al emprendedurismo, a las universidades privadas, que quizá dan resultado más rápido, pero es un rédito más difícil de “repartir entre la población”, según Casás. La diputada Galán recordó que a pesar de que es “fundamental” no partidizar, la ciencia sí tiene “un objetivo político”, porque se trata de “pensar que desarrollo de país precisamos, y que desarrollo científico es necesario para eso”.

Los científicos consultados coinciden en la necesidad de evitar partidizar esta lucha. Afirman que es necesario concientizar a la población y a todo el sistema político sobre el beneficio que la ciencia le brinda al país. Sierra entiende que si bien hay integrantes del FA que creen en apoyar a la ciencia, otros aprovechan ahora para pegarle al gobierno, y hubo sectores que se negaron a aumentar la inversión.

Además, cree que hay aliados en la llamada “Coalición Multicolor” que están interesados en aumentar la inversión: el sector Ciudadanos del Partido Colorado, algunos legisladores de Cabildo Abierto, y ciertos elementos del Partido Nacional; aunque estos últimos tienen mayor dificultad para ir contra el mandato del ejecutivo.

De igual manera, cierto sector de la comunidad científica entiende que es difícil (o deseable) no partidizar esto, cuando las inversiones anteriores de los partidos tradicionales fueron bajas. Por el ejemplo, más de mil científicos firmaron en apoyo a Daniel Martínez las pasadas elecciones, un porcentaje importante de los 1800 registrados en el SNI.

Para Cerdá, es difícil que desde el partido de gobierno no vean a la universidad como “una cueva de zurdos”, como la definen ellos. Acota que la comunidad científica, sobre todo con la pandemia, ha demostrado la importancia de invertir en estos temas, “pero al partido de gobierno no se le mueve una ceja, han elegido invertir en otra cosa”. Por otra parte, agrega que “si el Frente Amplio decide unirse a los reclamos de la ciencia”, hay que aprovechar, pero no hay que concentrarse en un aliado que ya se tiene, sino apuntar a hablar con todos los partidos.

Entonces, el siguiente paso parecería ser profundizar en la difusión, y para Méndez, “apostar al diálogo, mostrar que lo se hace sirve, y que la inversión de ahora la vamos a ver en 2040. Si se quita, llega en 2080.” Pero también “revisar los programas de investigación, y ajustarse, adaptarse si hay recortes, sobrevivir de la mejor manera posible”.

Según Cerdá, huelgas largas, como las de antes, “ya no sirven”. Hacer eso hoy perjudica a los estudiantes, y no se puede amenazar con retirar el “apoyo COVID”, porque no se puede “perjudicar a la gente para perjudicar al gobierno”.

Todos los científicos con los que hablamos coinciden en que hay que aprovechar los espacios existentes en los medios de comunicación hegemónicos, apostar por los nuevos medios alternativos que brindan lugar a la comunidad científica, y comunicar en redes sociales. También llamar la atención de la comunidad internacional, y a nivel nacional, según Bentancor, “manifestar claramente las necesidades, e indicar cuando hay inconsistencia entre promesas/palabras y hechos”.

Para Prieto, es necesario que los científicos se unan y se organicen, convocados por la Academia Nacional de Ciencias, “no ya meramente a través de declaraciones, sino de asambleas que representen a toda la comunidad”. Sierra opina que hay que evaluar “que se hizo todos estos años con el presupuesto, demostrar las contribuciones al país en mejorar producción, calidad laboral, temas ambientales” y elaborar un nuevo plan “para vincular más la ciencia a los problemas del país, y poder salir a pelear más presupuesto para seguir haciendo eso, no solo la comunidad científica, sino los trabajadores, empresarios, y decisores en política”. Es vital “conectar con la sociedad” para disputar recursos económicos.

Desde el punto de vista político, el diputado Sabini dice que, si bien hay que “buscar las coincidencias”, como la exitosa comisión interpartidaria sobre energía en el gobierno de Mujica y apostar a políticas de estado; el “no pondría sus esperanzas en el presupuesto”. La diputada Casás sigue una línea similar, tomando en cuenta que el gobierno afirma que habría una segunda etapa de negociación en la rendición de cuentas, y que allí habría que “buscar un empate, que no recorten, que por lo menos mantengan, que se beneficie a la universidad pública como a la privada”.

Para la diputada Galán también va a ser muy difícil llegar a un consenso, porque están “parados en lugares muy distintos”. Afirma que se trata de un tema de visión de “qué Estado queremos”. Continúa afirmando que hay que “pensar en la creación de un sistema nacional de ciencia y tecnología”. Esto funcionó de hecho durante la pandemia, pero debería instaurarse como tal. Sin embargo, ve que el gobierno ha “privilegiado la educación privada”, cuyas universidades “no tienen el mismo desarrollo científico que las públicas”, y eso dificulta la creación de este sistema.

Desde el punto de vista del partido de gobierno, el diputado Rodríguez opina que el diálogo es la mejor apuesta, y que además de una inversión del estado, hay que buscar la cooperación internacional, y “el apoyo de empresas nacionales que puedan servirse de esa investigación científica”.

Martina ya no está en un laboratorio, ni en la facultad. Está en el parlamento, y en los comités de base, buscando la mejor manera de militar. Eduardo perdió su “toque” para el laboratorio, porque vive angustiado persiguiendo presupuestos de los que dependen jóvenes científicos para trabajar y vivir. Daniel y varios colegas tienen que enfrentarse a retenciones aduaneras de donaciones de materiales científicos de otros países, y pagar de sus bolsillos a los despachantes de aduana. Miguel hace mucho que trabaja en gestión, en vez de estar “en campo”, como le gustaba, buscando respuestas para resolver problemas de la sociedad. Fernanda tiene la suerte de seguir haciendo laboratorio, pero lo hace mientras forma nuevas científicas.

Todos están buscando la mejor manera de hacer su trabajo para que el país avance. Los políticos, nos gustaría imaginar, también.

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Periodista, principalmente dedicado a la cultura, con un interés también en temas científicos, pero no me cierro a ningún tópico.

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